Las Marcas
Marca del Rey
La Marca del Rey es un símbolo áurico con el que se nace, una bendición y una maldición en partes iguales. Aquellos que nacen portándola están destinados a una vida de grandeza, pero también de sacrificio. Esta marca otorga la fortuna del oro y la virtud de la Obediencia, permitiendo a su portador contrarrestar Shihai Básico, una de sus características más destacadas. Algunos portadores logran desarrollar incluso Obediencia II, otorgándoles la capacidad de contrarrestar Shihai de nivel promedio.
Entre sus dones más sobresalientes, la Marca del Rey confiere una voluntad inquebrantable y un espíritu indomable, atributos dignos de un soberano que no puede ser doblegado. Sin embargo, estas cualidades conllevan una carga: la lealtad absoluta a un ideal, reino o causa, destinada a moldear el destino de quienes la poseen. Se dice que quienes portan esta marca viven únicamente por y para su reino, convirtiendo su existencia en un juramento perpetuo.
Los nacidos con la Marca del Rey poseen un Chikara promedio desde su nacimiento, otorgándoles una base sólida para desarrollar su potencial desde una edad temprana. Además, se les concede un Yoroi básico, que les proporciona defensas naturales para enfrentarse a los desafíos propios de su linaje. Estas características les permiten forjarse como reyes dignos a una edad temprana, motivo por el cual se les conoce como "Los Elegidos" o "Los Legítimos Herederos".
No todos los portadores de la Marca del Rey se convierten en reyes de un reino. Algunos eligen liderar bajo sistemas alternativos, como organizaciones criminales o órdenes jerárquicas, donde su influencia y liderazgo son igualmente notorios. La marca emana un aura de supremacía que intimida a sus adversarios y genera lealtad natural en sus aliados. Incluso sin buscarlo, los portadores inspiran respeto, temor y devoción en quienes los rodean.
Los portadores de la Marca del Rey desarrollan un vínculo profundo con sus seguidores, permitiéndoles canalizar sus emociones y fortalecerlos en momentos críticos. Sin embargo, la Marca del Rey no solo es una bendición; también es una maldición de aislamiento. Los portadores a menudo sacrifican relaciones personales y una vida normal en favor de su causa, convirtiéndose en símbolos de esperanza o temor, pero rara vez en simples humanos.
Con todos estos atributos, la Marca del Rey se erige como un emblema de poder, responsabilidad y destino, moldeando a quienes la portan en figuras legendarias, capaces de cambiar el curso de su mundo.
Marca Del Niño Destinado
La Marca del Niño Destinado es un símbolo de singularidad y misterio, una manifestación divina que aparece una vez cada cien años en un solo bebé en todo el mundo. Esta marca garantiza al portador una vida que durará exactamente cien años, independientemente de las condiciones de su entorno o la esperanza de vida de su raza. Es un destino ineludible que guía al niño por los caminos que mejor le convienen, asegurando su supervivencia incluso en circunstancias extremas.
Una de las características más enigmáticas de esta marca es su conexión con el Pax Mentis. Este raro don, que alguna vez fue exclusivo de los dioses en tiempos antiguos, se manifiesta en aproximadamente el 30% de los niños destinados. Pax Mentis es un estado de equilibrio y sabiduría únicos que permite una comprensión profunda de la armonía universal, otorgando al portador una claridad mental que trasciende las capacidades normales.
La existencia de un Niño Destinado es singular y absoluta: no pueden coexistir dos al mismo tiempo. Si un nuevo niño destinado nace mientras el actual aún vive, el primero fallece de inmediato, pero solo después de haber cumplido sus cien años. En ciertos casos excepcionales, si el niño destinado demuestra una vida guiada por la bondad y el equilibrio, puede sobrevivir más allá del centenario; sin embargo, la marca desaparece, dejando al individuo libre de su influencia.
Los portadores de la marca reciben una compañera inseparable y única: la Hikarigata. Esta espada sagrada, dotada de conciencia propia, está destinada a proteger y asistir al niño destinado en su camino. La Hikarigata es indestructible y no puede ser utilizada por nadie más. Si alguien intenta robársela, la espada regresará inevitablemente a su portador legítimo. Además de su resistencia, la espada otorga poderes y protección, actuando como una extensión de la voluntad de su dueño. Es un símbolo de pureza y autoridad divina que refuerza el papel del niño destinado en el mundo.
Matar a un niño destinado es casi imposible; solo un dios puede hacerlo. Sin embargo, un dios que se atreva a tal acto quedará marcado con el mismo símbolo, heredando la sentencia de muerte al final de los cien años restantes del ciclo, lo que disuade incluso a las deidades de intentar tal cosa.
Debido al intervalo de un siglo entre la aparición de cada niño destinado, algunos de los antiguos portadores de la marca pueden llegar a conocer a sus sucesores. Esto crea un vínculo trascendental entre generaciones, permitiendo la transmisión de sabiduría y enseñanzas. Sin embargo, no todos los niños destinados comprenden su rol en la vida. Algunos pueden pasar toda su existencia ignorando la verdadera naturaleza de la marca que llevan, dejando un legado sin cumplir. Esto sugiere que, a lo largo de la historia, pudo haber habido muchos niños destinados que nunca llegaron a descubrir su propósito, permaneciendo como enigmas olvidados por el mundo.
La Marca del Niño Destinado, con su mezcla de bendiciones, misterios y desafíos, es un recordatorio del delicado equilibrio entre el poder y la responsabilidad, y del impacto que un solo individuo puede tener en el curso del destino universal.
Marca De Belial
La Marca de Belial es una maldición ancestral y poderosa que, debido a su naturaleza hereditaria e inamovible, ha sido reconocida como una marca distintiva. Esta marca priva a sus portadores de toda capacidad para usar Magic Energy, sellando completamente cualquier intento de aprendizaje, práctica o acceso a la magia. Es un sello implacable que drena cualquier manifestación de energía mágica, dejando al individuo totalmente aislado de esta fuente de poder.
Por esta razón, los seres mágicos que nacen con la Marca de Belial están condenados desde el principio. Dado que dependen intrínsecamente de la magia para sobrevivir, estos seres generalmente mueren al poco tiempo de nacer. En algunos casos, las comunidades los sacrifican como un acto de desesperación o superstición, aunque tales eventos son extremadamente raros debido a la baja incidencia de esta marca.
La maldición no solo afecta a los individuos, sino que también persiste a través de generaciones, afectando a razas y familias completas. Estas líneas de sangre, marcadas por la impronta de Belial, se han convertido en ejemplos de un legado de privación mágica, incapaces de romper su vínculo con el pasado. Aunque los portadores de la marca pueden vivir vidas normales en muchos aspectos, su incapacidad para utilizar la magia los coloca en desventaja frente a otros seres mágicos, especialmente en sociedades donde la magia juega un rol crucial.
Sin embargo, la marca no es absoluta en su limitación de todas las formas de energía. Aunque la magia propia les está vedada, los portadores pueden recurrir a otras fuentes alternativas, como la Dark Energy o la Lux Energy, que dependen de maná prestado de una entidad externa. Estas energías no se ven afectadas por el sello de la marca, lo que permite a los portadores desarrollar habilidades y poderes mediante pactos o acuerdos con prestamistas sobrenaturales. Esto ha llevado a algunos portadores a destacarse en áreas donde estas formas de energía son predominantes, demostrando que, aunque limitados, aún pueden hallar caminos hacia el poder.
La Marca de Belial tiene su origen en un tiempo remoto, cuando su creador, el propio Belial, maldijo a diversas razas y familias como parte de su legado oscuro. Aunque su capacidad para imponer esta maldición desapareció con él hace mucho tiempo, las consecuencias de sus actos persisten hasta el día de hoy. La marca no puede ser recreada, y tampoco puede ser eliminada mediante métodos convencionales o mágicos. Es un recordatorio eterno de la influencia y el poder de su creador, y un testimonio del precio que pagan aquellos que viven bajo su sombra.
Esta marca, más que una simple maldición, se ha convertido en un símbolo de resistencia y adaptación para algunos, y en una sentencia de tragedia y exclusión para otros. Representa el límite entre la privación y la capacidad de encontrar nuevos caminos en un mundo donde la magia parece serlo todo.
Marca de Apep
La Marca de Apophis, también conocida como la Marca del Caos Primordial o la Marca del Destructor, es una maldición que impone a su portador una conexión directa con las fuerzas oscuras y destructivas que Apophis representa. Esta marca es un símbolo de corrupción cósmica, impregnando al ser con la esencia del caos y la oscuridad. Aquellos nacidos con esta marca, o que la reciban a través de los poderosos seguidores de Apophis, están destinados a ser los agentes de la destrucción y el desorden, ya que su alma está vinculada a la serpiente primordial.
La Marca de Apophis guía a su portador hacia el caos sin remordimientos ni límites. Quienes la poseen sienten una necesidad irrefrenable de destruir todo lo que está organizado, establecido o equilibrado. La marca fomenta el odio hacia la creación, la armonía y el orden cósmico, y su portador está impulsado a sembrar el caos en todo lo que toca. Los actos de destrucción, tanto físicos como espirituales, son naturales para quien lleva esta marca, y no sienten arrepentimiento ni duda en su camino.
Esta marca no solo afecta el comportamiento del individuo, sino también su entorno. Los objetos a su alrededor pueden desintegrarse, las estructuras pueden colapsar sin razón aparente, y la paz puede desmoronarse en su presencia. La Marca de Apophis es una fuerza de descomposición constante, un recordatorio de la eterna lucha entre el caos y el orden.
Aunque es difícil de eliminar, no es imposible. Para borrar esta marca se requiere de poderosos rituales y un sacrificio significativo, ya que Apophis es un dios primigenio cuya influencia no puede ser extinguida con facilidad. Sin embargo, aquellos que logran erradicar la marca enfrentan una vida marcada por la cicatriz del caos que alguna vez llevaron consigo, una lección dolorosa de los efectos de abrazar la oscuridad primordial.
La Marca de Apophis es temida tanto en los reinos terrenales como en los planos espirituales, pues su portador no solo es un destructor, sino también un signo de la lucha eterna entre las fuerzas cósmicas del caos y el orden. Es una maldición que, si bien puede otorgar poder inmenso, condena irremediablemente al portador a un camino de oscuridad sin retorno, como la propia serpiente que representa el dios Apophis.
Marca del Orgullo
La Marca de Marduk, también conocida como La Marca del Orgulloso o La Marca del León, es un símbolo de poder y grandeza indomable. Aquellos que nacen con esta marca, o que la reciben a través de un juramento o bendición, están destinados a ser guerreros excepcionales, dotados con un orgullo sin igual. Este orgullo les otorga una fuerza y destreza sobrehumanas, haciendo de ellos combatientes temidos y admirados en todo el mundo.
El orgullo que la marca impone no tiene límites. Los portadores de la Marca del Orgullo se ven a sí mismos como invencibles, como los más grandes entre los dioses y los mortales. Este orgullo les da el impulso para desafiar cualquier obstáculo, luchando no solo por la victoria, sino también por el reconocimiento eterno de su grandeza. La marca de Marduk les otorga una habilidad sobresaliente en el combate, lo que los convierte en guerreros temidos en la batalla y figuras respetadas entre sus iguales. Sin embargo, su orgullo también puede llevarlos por caminos peligrosos, pues suelen subestimar a sus enemigos y asumir que nadie puede hacerles frente.
El portador de esta marca no teme a la muerte, pues para él, cada batalla es una oportunidad para demostrar su poder y alcanzar la gloria. Muchos de los que llevan esta marca mueren en combate, pero siempre lo hacen de manera gloriosa, con una última exhibición de su fuerza y habilidad. La muerte de estos guerreros es vista como una muerte digna, y su legado es recordado con respeto y admiración.
La Marca del Orgulloso también puede influir en su entorno, pues aquellos que tienen la marca sienten una necesidad constante de destacar y ser admirados. Son líderes naturales, a menudo desafiando a otros para probar quién es el más fuerte, ya sea en duelos, batallas o cualquier otra competencia. Esta marca, sin embargo, también puede ser una maldición, ya que aquellos que la llevan rara vez logran encontrar satisfacción en la vida. El orgullo nunca se apaga, y su búsqueda de grandeza puede llevarlos a perderse en su propia arrogancia, ignorando a aquellos que podrían ofrecerles humildad o compasión.
Aunque la Marca del Orgullo otorga gran poder y habilidades, también viene con una carga: el portador está condenado a vivir siempre en la sombra de su propia vanidad. Es posible que nunca logren sentir el alivio de la verdadera paz, pues siempre estarán impulsados por el deseo de ser más grandes, más fuertes, más reconocidos. Sin embargo, este deseo los mantiene motivados, y su destino está siempre ligado a la lucha, ya sea en el campo de batalla o en la arena política.
Una de sus características clave, es su alta tolerancia al aprendizaje físico, lo que le permite aprender Chikara y Yoroi, e incluso el 90% de los que nacen con la Marca del Orgullo nacen con Shihai Promedio.
La Marca de Marduk, el León de Babilonia, es una bendición y una condena al mismo tiempo. Aquellos que la poseen nunca pasarán desapercibidos. Son aquellos cuyo nombre resuena en las canciones de los bardos, aquellos cuyo espíritu permanece vivo en el recuerdo de todos los que los conocieron.
Marca de Ares
La Marca del Bélico, también conocida como La Marca de la Guerra, es una maldición ancestral que otorga a su portador una necesidad constante de conflicto. No importa la raza, ni el origen del portador, quienes llevan esta marca sienten una atracción inevitable hacia la guerra, como si el propio conflicto fuese su naturaleza esencial. La marca no influye en la moralidad del portador; puede ser un noble o un villano, pero siempre tendrá una sed insaciable de lucha y destrucción que crece gradualmente con el tiempo.
La Marca del Bélico se manifiesta como una necesidad irresistible de estar involucrado en combates, ya sea en grandes batallas o pequeños conflictos. Sin la constante presencia de guerra y caos, el portador de la marca comienza a sentirse agobiado, inquieto, hasta llegar a la desesperación. Este vacío lo lleva a buscar peleas, crear disputas o incluso provocar guerras, ya sea por medios diplomáticos o mediante intervenciones violentas. Sin embargo, cuanto más se sacia esta necesidad, más fuerte se vuelve la dependencia, y con el tiempo, el portador de la marca puede llegar a perder toda razón, sumido completamente en la locura de la guerra.
La marca, originada en la bendición (o maldición) de Ares, el dios de la guerra y la destrucción, tiene efectos devastadores sobre quienes la poseen. Al principio, el portador de la Marca del Bélico puede sentir una gran fuerza y resistencia excepcionales en combate, pero esta fuerza viene a un alto costo. La marca consume lentamente al individuo, erosionando su humanidad y empujándolos hacia una vida de violencia interminable. Su deseo por la guerra no se limita a batallas físicas; también puede tomar la forma de estrategias políticas, manipulando situaciones para fomentar el conflicto o tomando decisiones impulsivas que desencadenan caos.
La Marca del Bélico no permite que el portador encuentre paz. Cada victoria en la batalla solo alimenta el hambre de más conflicto. El portador puede llegar a formar ejércitos, conquistar tierras, o incluso iniciar guerras sin ningún propósito más que la satisfacción de su necesidad de lucha. Sin embargo, siempre habrá un precio que pagar: la guerra desgasta el alma, y con el tiempo, el portador puede volverse completamente irreconocible, consumido por su propio deseo de destrucción.
La marca también tiene la capacidad de alterar la percepción del portador. En medio de la guerra, puede experimentar una especie de éxtasis, una sensación de poder absoluto mientras ve el caos desatarse a su alrededor. Pero fuera de la guerra, la marca puede llevarlo a la locura, volviéndolo agresivo, impredecible y completamente obsesionado con la violencia. El hambre de combate nunca se apaga, y el portador siempre estará buscando una nueva guerra que pelear.
A pesar de la destrucción y el caos que provoca, la Marca del Bélico tiene un propósito: la guerra es su único propósito. Algunos consideran que la marca es el precio que debe pagar un ser para alcanzar un poder inhumano en combate, mientras que otros lo ven como una maldición que condena a su portador a una vida de sufrimiento constante.
La Marca del Bélico es para aquellos que nacen con un destino cruel y fascinante, uno donde la guerra no es solo un evento, sino una necesidad vital. Aquellos que la llevan nunca vivirán en tiempos de paz, siempre buscando, creando o intensificando conflictos. Son guerreros por naturaleza, y aunque la marca les otorga un poder formidable, también les roba la paz eterna que todos los demás seres buscan.
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